jueves, 23 de octubre de 2008

Formación. Integrantes. Algunos ideales

En su formación confluían las ideas del liberalismo, el romanticismo, el nacionalismo y las primeras corrientes del socialismo utópico.
Esteban Echeverría tomo el liderazgo de la juventud ilustrada de la época, cuyas figuras mas destacadas eran: Juan María Gutiérrez, Juan bautista Alberdi, Miguel Cané, Vicente López, Carlos Tejedor, Santiago Albarracín, Rafael Corbalán y José Rivera Indarte.
Echeverría y los demás miembros del grupo, querían un país sumado al progreso donde las corrientes científicas, literarias y artísticas se adaptaran a la realidad nacional, a fin de enriquecerla. Muchos de los integrantes de este movimiento sufrieron el exilio, al ser perseguidos por el régimen Rosista.
Para los jóvenes de la nueva generación se tomaba imperativo completar y concretar el proceso transformador iniciado con la Revolución, dotándolo de un pensamiento propio. Había, en consecuencia, que constituir una nueva sociedad para lo cual era necesario concebir nuevas formas de convivencia y de acción. La tarea interpretativa de descubrir el sentido de la nacionalidad, como condición previa a todo planteo político, dadas las características del medio local, adquirió en la obra del grupo un lugar central y dio cabida a un profundo análisis de la realidad social y material del país. Este análisis de la realidad nacional se centró en las causas económicas y sociales que en el país habían dado como resultado el triunfo de Rosas.
Para los hombres del 37, los males de su país se reducían principalmente a tres: la tierra, la tradición española y los grupos étnicos locales. Solo la transformación previa de estos factores conduciría al triunfo del progreso; por eso, de su análisis surge también una serie de soluciones para enfrentar los problemas planteados.
Para la nueva generación, el primer mal de la Argentina era la tierra, "el desierto", de donde surgía el espíritu de la montonera, la banda armada que seguía al caudillo, lo elevaba al poder y condicionaba el destino político del país.
La mejor manera para erradicarlo era desarrollar las comunicaciones, poblar las vastas extensiones del territorio nacional y multiplicar los centros urbanos. La solución se centraba en el fomento de la inmigración, solución que quedó inmortalizada en la famosa frase de Alberdi "gobernar es poblar".
La función otorgada a la inmigración también estaba orientada, para los integrantes de la Generación del 37, a cumplir un lugar de importancia en lo concerniente a la transformación social, en la medida que los grupos étnico de la Argentina (gauchos, aborígenes, mestizos y españoles) fueron considerados incapaces de impulsar un verdadero desarrollo industrial. De esta manera, la introducción de inmigrantes anglosajones fue proclamada como la mejor forma para remediar esa realidad y con posibilidades de provocar la modificación de los hábitos costumbres tradicionales.
La herencia colonial también fue señalada por los jóvenes del 37 como otro factor de atraso para el desarrollo del país. Esta herencia, mantenida con vigor por las masas rurales y los grupo conservadores, había conducido —según ellos— la tiranía rosista, verdadera traición al espíritu revolucionario.
De esta manera, el retorno a los ideales de la Revolución de Mayo no suponía solamente una vuelta a la única autoridad nacional considerada legítima sino que también constituyó un objetivo ideológico: la idea de que los errores de las generaciones previas podían ser borrados, y una nueva Argentina podía surgir de las ruinas del gobierno de Rosas yugo colonial, así como Mayo había sacudido el yugo Colonial.